lunes 21 septiembre, 2026

La administración de Claudia Sheinbaum ya tiene la hoja de ruta marcada: no es un rumor, la presidenta va por la modernización de al menos 10 aeropuertos en distintos puntos de la República. No se trata solo de pintar fachadas, sino de una apuesta agresiva para que la conectividad del país deje de ser un embudo que siempre termina en la capital

Desde que tomó las riendas, la mandataria ha dejado claro que su visión de infraestructura no se queda en las vías del tren. El plan busca rescatar y potenciar terminales que, por años, han operado a media marcha o que simplemente no dan abasto con el flujo de pasajeros actual. Entre los nombres que más resuenan en los pasillos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) están destinos estratégicos como Tamuín en San Luis Potosí, Tepic en Nayarit, Puerto Escondido en Oaxaca y Lázaro Cárdenas en Michoacán.

Por qué ahora y para qué tanto movimiento?

La lógica detrás del proyecto es simple, aunque su ejecución sea un rompecabezas logístico. Sheinbaum sabe que para que Mexicana de Aviación —la aerolínea estatal— realmente despegue, necesita aeropuertos dignos a donde llegar. No sirve de mucho tener aviones nuevos si las pistas regionales no están en condiciones óptimas o si las salas de espera parecen detenidas en los años ochenta.

  • Desarrollo Regional: Se busca que el turismo no se concentre solo en Cancún o Los Cabos.
  • Carga y Logística: Algunos de estos aeropuertos serán clave para el movimiento de mercancías, aprovechando el fenómeno del nearshoring.
  • Seguridad y Control: Gran parte de estas renovaciones corren de la mano con las fuerzas armadas (Sedena y Semar), quienes ya administran varias de estas terminales.

Es una jugada ambiciosa, de esas que levantan cejas entre los críticos por el papel central que sigue teniendo el ejército, pero que entusiasma a quienes viven en estados que han sido ignorados por las aerolíneas comerciales durante décadas. Al final del día, lo que la gente quiere es que viajar por México no sea un calvario de escalas innecesarias.

Veremos cómo el presupuesto aguanta el ritmo de las promesas, porque construir y renovar en tiempos de austeridad siempre es un malabarismo complicado. Por ahora, los proyectos ejecutivos están en marcha y la intención política es total. El cielo mexicano está por cambiar de cara, y parece que Sheinbaum no piensa quitar el dedo del renglón hasta que esas diez pistas estén listas para recibir el primer vuelo.

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