lunes 21 septiembre, 2026

Parece que la novela política en Tamaulipas acaba de dar un giro de esos que dejan a más de uno con la boca abierta. Este 9 de febrero, el nombre de Yahleel Abdalá Carmona volvió a los titulares, pero no por una campaña o un discurso, sino porque la justicia finalmente se cansó de esperarla.

El “visto” que le clavó a la justicia

La exsecretaria de Bienestar Social durante el sexenio de Francisco García Cabeza de Vaca ya no es solo una figura bajo investigación; ahora, legalmente, es una prófuga. Tras faltar a varias citas con el juez para responder por acusaciones de presunto uso indebido de atribuciones y facultades, las autoridades decidieron que ya estuvo bueno de prórrogas.

¿El resultado? Se ha girado una orden de aprehensión en su contra. Dicen por ahí que “el que nada debe, nada teme“, pero en este caso, el silencio de Abdalá se ha vuelto ensordecedor. No se presentó a la audiencia vinculatoria y, desde entonces, nadie sabe dónde anda metida.

¿De qué se le acusa exactamente?

No es un tema menor. El asunto tiene que ver con recursos públicos que, según la Auditoría Superior, nomás no cuadran en las cuentas de su gestión. Estamos hablando de contratos que parecen sacados de una chistera y movimientos financieros que, a ojos de la actual administración, huelen bastante mal.

  • El monto: Se habla de varios millones de pesos destinados a programas sociales que, presuntamente, nunca llegaron a donde debían.
  • El contexto: Ella fue una pieza clave en el engranaje de Cabeza de Vaca, y su caída representa un golpe durísimo para lo que queda de aquel grupo político.

Entre la política y el escape

Es curioso ver cómo cambian las cosas. No hace mucho, Abdalá era la cara fuerte del PAN en Nuevo Laredo, siempre activa en redes y con la mira puesta en lo más alto. Hoy, su rastro digital es un desierto y su paradero, un misterio que tiene a la Fiscalía de Tamaulipas rascándose la cabeza.

La verdad es que esto no pinta bien para ella. Al no presentarse, perdió la oportunidad de defenderse en libertad, y ahora, si la llegan a encontrar (o si decide entregarse, que se ve difícil), el proceso será desde una celda.

“La justicia tarda, pero llega“, dicen los optimistas. Por ahora, Yahleel se une a la lista de exfuncionarios de esa administración que prefirieron la sombra del anonimato antes que la luz de un juzgado.

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