lunes 21 septiembre, 2026

Quizá los mayores damnificados del pasado sexenio fueron los intelectuales orgánicos. Todo un sistema de ideas colapsó. Y con ese sistema de ideas también colapsaron sus ingresos. Esa camarilla de intelectuales se negó a abandonar el enfoque de Fukuyama del fin de la historia, como si esta fuera lineal. Descubrieron con espanto que la historia no les había reservado un lugar, que la Academia Sueca no los iba a considerar para el Nobel, y que ninguna facultad iba a inaugurar ninguna cátedra sobre su obra.

Porque fueron absolutamente frívolos. Se negaron a ejercer la dialéctica. Una clase intelectual que bien exhibió Mario Vargas Llosa antes de pasarse al “lado oscuro” diciendo que se le pagaba por ejercer una crítica cosmética.

Y esa obviedad se reflejaba en la compra de casi la totalidad del tiraje de un par de revistas en detrimento de las nuevas adquisiciones de las bibliotecas. Podía usted caminar por cualquier biblioteca del país y encontrarse el último y más reluciente ejemplar de Letras Libres o Nexos.

Pero eran ideas lanzadas al vacío. El sexenio de AMLO representó el punto de inflexión entre la interpretación tramposa del “mesías tropical” y el presidente inmortal. Y no es poca cosa. Los temores de una clase intelectual anquilosada y rencorosa, incapaz de interpretar el zeitgeist (signos de los tiempos), terminaron por condenarlos a la irrelevancia.

Lo peor que le puede pasar a alguien que se dedique a la vida intelectual es no ser tomado en serio. Es convertirse, en estos tiempos, en un meme.

Es increíble verlos pontificar acerca de escenarios inexistentes creados con la sola idea de sembrar el temor.

Recuerdo a algún especialista hablar del posible escenario de una victoria de Andrés Manuel. Hablaba de un dólar a 27 pesos, de una fuga de inversiones desbocada, de las plagas de Egipto, de la policía secreta llevándose de su casa a tipos blancos y de traje como él, estilo la Gestapo, y mil estupideces más. Y yo me pregunté, acá entre compas, ¿quién le paga a esta gente por decir tanta pendejada?

Me quedó claro que el futurismo no es lo suyo. Pero viene una pregunta importante: ¿habrá suficientes intelectuales en la 4T como para llenar ese vacío existencial y filosófico después del ocaso de los frívolos?

Esperemos que sí. La patria los necesita más que nunca.

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