La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó con dureza la manera en que algunos medios nacionales abordaron el descarrilamiento del Tren Interoceánico, en particular por el uso de imágenes de personas afectadas sin la autorización de sus familias, lo que calificó como una práctica carente de sensibilidad y ética periodística.
Durante su conferencia matutina del 30 de diciembre, la mandataria expresó su inconformidad con la portada publicada por El Universal, señalando que exhibir fotografías de víctimas sin consentimiento representa una falta de respeto y humanidad hacia quienes atraviesan un momento de dolor.
Sheinbaum subrayó que, en contraste con este tipo de coberturas, familiares de los afectados han reconocido el acompañamiento del gobierno federal, tanto en la atención médica como en el respaldo institucional tras el accidente ocurrido en Oaxaca.
La presidenta insistió en que la publicación de imágenes personales, sin consultar previamente a las víctimas o a sus allegados, vulnera principios básicos de solidaridad y responsabilidad social, especialmente en contextos de tragedia.
Respuesta a críticas sobre apoyos económicos
En el mismo espacio, Sheinbaum aclaró que el apoyo económico de 30 mil pesos anunciado para las familias afectadas corresponde únicamente a una fase inicial de atención emergente, y rechazó versiones que aseguran que será el único respaldo que otorgará su administración.
Indicó que se contempla un esquema más amplio de acompañamiento conforme avancen las evaluaciones de daños y necesidades.
Señalamientos también contra Reforma
La presidenta también se refirió a la cobertura del periódico Reforma, al que reprochó asumir un papel técnico en materia ferroviaria tras publicar una nota que atribuye el accidente a supuestas omisiones en la infraestructura, el uso de materiales deficientes y trenes con varios años de antigüedad.
Sheinbaum cuestionó que se presenten conclusiones anticipadas sin dictámenes oficiales, y señaló que ahora algunos medios “parecen expertos en vías férreas”, pese a no contar con información definitiva.
La polémica entre la presidenta y algunos medios refleja una tensión recurrente entre el derecho a informar y la obligación ética de no convertir el dolor ajeno en espectáculo. Más allá de posturas políticas, la difusión de imágenes de víctimas sin consentimiento abre un debate necesario sobre los límites del periodismo en situaciones de tragedia.
Si bien la crítica gubernamental no exime a las autoridades de rendir cuentas, tampoco justifica que la búsqueda de impacto visual esté por encima de la dignidad humana. En escenarios como el del Tren Interoceánico, la información rigurosa y la empatía deberían caminar juntas. De lo contrario, el riesgo no es solo desinformar, sino revictimizar a quienes ya enfrentan una pérdida irreparable.
