La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, encabezó una defensa directa del modelo de gestión estatal de Petróleos Mexicanos (Pemex), asegurando que los resultados operativos actuales desmienten la premisa de que la privatización es el único camino hacia la eficiencia. Durante su conferencia matutina, la mandataria subrayó que el fortalecimiento de la petrolera no solo es una cuestión financiera, sino de soberanía nacional.
Los pilares del rescate energético
Tras la exposición de Víctor Rodríguez Padilla, director de la paraestatal, se destacaron los avances en áreas críticas que habían sido descuidadas en sexenios anteriores. Según la administración actual, el éxito se basa en tres ejes fundamentales:
- Capacidad de Refinación: Con el funcionamiento de ocho refinerías (las seis históricas más Dos Bocas y Deer Park), el país busca procesar su propio crudo para reducir la dependencia de importaciones.
- Saneamiento Financiero: Una estrategia enfocada en la reducción de la deuda y una comercialización más agresiva.
- Transición Energética: El compromiso de Pemex de evolucionar hacia fuentes renovables sin perder su carácter público.
Reintegración frente a fragmentación
Sheinbaum criticó duramente el proceso iniciado en 1992 bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el cual buscaba la fragmentación de funciones de la empresa para facilitar su venta por partes. La mandataria señaló que durante 36 años se intentó desaparecer a Pemex bajo el argumento de que la inversión privada era superior.
“Estamos demostrando lo contrario: mientras más integrada esté y más al servicio del pueblo, más eficiente es”, afirmó la Presidenta, recalcando que las empresas públicas no deben ser catalogadas como monopolios, sino como activos del pueblo mexicano.
Un modelo de propiedad pública
La narrativa del actual Gobierno Federal sostiene que la recuperación de Pemex es un triunfo sobre el modelo neoliberal. Al eliminar la división interna de la petrolera y devolverle su estatus de “empresa del pueblo”, se busca garantizar que las utilidades y la producción tengan un impacto social directo, contando además con la participación activa de su fuerza laboral.
