El mandatario estadounidense sorprendió al plano internacional con elogios hacia la actual presidenta encargada, marcando un giro pragmático en la relación bilateral mientras Nicolás Maduro permanece bajo custodia federal.
En un giro inesperado que redefine el tablero geopolítico del hemisferio, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, mantuvo una conversación telefónica de alto nivel con Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia encargada de Venezuela tras la reciente detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
Durante una breve comparecencia ante los medios en la Casa Blanca, Trump describió la interacción como “altamente productiva” y no escatimó en cumplidos hacia la funcionaria, a quien históricamente Washington había señalado con severas sanciones.
“Tuvimos una charla muy buena. Es una mujer muy inteligente, una persona fantástica que ama a su país”, afirmó Trump. “Estamos buscando soluciones que funcionen para todos, y ella parece estar muy dispuesta a que Venezuela vuelva a ser un lugar grandioso y seguro para la inversión”.
Delcy Rodríguez Gómez, de 56 años, no es una figura nueva para la inteligencia estadounidense. Hija del dirigente de izquierda Jorge Antonio Rodríguez —quien murió bajo custodia policial en 1976—, ha escalado todas las posiciones de poder en el chavismo: desde Ministra de Comunicación y Canciller, hasta Presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y Vicepresidenta Ejecutiva.
A diferencia del estilo más confrontativo de Maduro, Rodríguez ha sido percibida por algunos analistas como la “arquitecta técnica” del gobierno, manteniendo puentes con sectores empresariales extranjeros, incluyendo gigantes energéticos como Chevron. Su ascenso a la presidencia interina, ratificado por el Tribunal Supremo de Justicia tras la captura de Maduro el pasado 3 de enero, la coloca ahora como la interlocutora principal frente a una administración Trump que parece priorizar la estabilidad y el flujo petrolero sobre la retórica de “cambio de régimen” total.
A pesar del tono cordial, el Departamento de Estado mantiene oficialmente las sanciones sobre varios miembros del círculo cercano de Rodríguez, incluido su hermano Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional.
Fuentes diplomáticas sugieren que el acercamiento de Trump responde a una estrategia de “transición tutelada”, donde EE.UU. busca garantizar que el goteo de liberaciones de presos políticos —que ya supera los 400 según reportes locales— continúe a cambio de un alivio gradual en las restricciones económicas.
“Es una jugada clásica de Trump: personalizar la política para desarmar al adversario”, comentó un analista de política exterior para la agencia Associated Press. “Al llamar ‘fantástica’ a Rodríguez, está validando su autoridad de facto, lo que podría facilitar una salida negociada para el resto de la cúpula chavista”.
Mientras tanto, en las calles de Caracas se vive un clima de tensa calma. La oposición venezolana, aunque debilitada, observa con cautela este diálogo directo entre la Casa Blanca y Miraflores, temiendo que sus demandas de elecciones generales queden en segundo plano frente a un acuerdo de estabilidad energética.
Por ahora, Delcy Rodríguez ha confirmado a través de sus canales oficiales que la llamada se desarrolló bajo el “marco del respeto mutuo”, subrayando que la soberanía de Venezuela es innegociable, aunque dejando la puerta abierta a nuevos mecanismos de cooperación.
