La política mexicana a veces parece un mal guion de comedia, y lo que está pasando este 9 de febrero con Leo Zuckermann y Ricardo Salinas Pliego es el ejemplo perfecto. En un video que ha vuelto a circular con fuerza, el analista no solo analiza, sino que prácticamente le hace la campaña al dueño de TV Azteca, planteándolo como la “única salvación” frente a la crisis de la oposición. Es, por decir lo menos, una propuesta que huele más a desesperación que a una estrategia seria.
El analista que perdió el piso
Zuckermann, que suele venderse como la voz de la sensatez intelectual, parece haber tirado la lógica por la ventana. En su afán por encontrar a un “outsider” que sacuda el tablero, ha decidido que lo mejor para el país es un magnate que se dedica a insultar personas en X y que tiene una relación, digamos, “complicada” con el pago de impuestos. Que un analista de su calibre intente normalizar la figura de Salinas Pliego como un candidato viable para el 2030 no solo es irresponsable; es síntoma de una élite que ya no sabe a qué santo rezarle para recuperar relevancia.
Un candidato hecho a golpe de tuit y soberbia
Por el otro lado tenemos al “Tío Richie“. No nos engañemos: Salinas no quiere servir al país, quiere servirse de la política para proteger sus propios intereses. Su discurso de “libertad” suena bastante hueco cuando viene de alguien que usa sus medios para atacar a quien se le cruce. El video donde Zuckermann lo “propone” no hace más que alimentar el ego de un personaje que confunde la popularidad de las redes sociales con la capacidad de gobernar. Es el viejo truco del millonario que se vende como el “salvador” del pueblo, mientras lo mira por encima del hombro desde su yate.
Hacerle el caldo gordo al autoritarismo empresarial
Lo más triste de esta “propuesta” es ver cómo Zuckermann le hace el caldo gordo a este circo. Al presentarlo como una opción fresca, lo único que logra es degradar aún más el debate público. No estamos ante un debate de ideas, sino ante un matrimonio por conveniencia entre un analista que busca rating y un empresario que busca impunidad mediática.
Al final, lo que Zuckermann propone no es una solución, es un salto al vacío. Si este es el nivel de las propuestas que la intelectualidad “seria” tiene para ofrecer hoy, 9 de febrero, entonces el panorama político está mucho más oscuro de lo que pensábamos. En lugar de buscar estadistas, nos quieren vender a un tuitero con chequera; y lo peor es que esperan que nos lo tomemos en serio.
