El 12 de enero del 2026 el gobierno de puebla encabezado por Alejandro Armenta, denunció públicamente un presunto intento de chantaje y extorsión por parte de empresas vinculadas a Ricardo Salinas Pliego
Salinas contra Puebla: ¿Negocio o chantaje?
No es ningún secreto que a Ricardo Salinas Pliego no le gusta que le digan que no. Pero esta vez, el pleito escaló a otro nivel. Según lo que informó el gobierno estatal apenas ayer, el equipo del magnate habría puesto sobre la mesa una propuesta que, más que convenio, parecía una sentencia: un contrato de publicidad por más de 2,000 millones de pesos.

El gobernador Armenta no se guardó nada y fue tajante: “Puebla no está de rodillas frente a un chantaje de esta magnitud”. La narrativa oficial dice que, ante la negativa de soltar esa millonada del erario, la televisora del Ajusco prendió los ventiladores para lanzar reportajes críticos contra la administración poblana. Es el viejo truco de “o me pagas, o te pego en la tele”, o al menos así lo están pintando desde el Palacio de Gobierno.
Un pleito que ya tiene historia
Para entender este “round”, hay que recordar que la relación ya venía herida de muerte desde los tiempos de Miguel Barbosa. En aquel entonces, Salinas Pliego también tuvo sus roces por contratos relacionados con el Museo Internacional del Barroco y otros proyectos de infraestructura. Parece que el guion se repite: la televisora presiona, el estado se resiste y el magnate termina recurriendo a sus redes sociales para llamar “gobiernicolas” a medio mundo.

La defensa del “Tío Richie”
Por su parte, Salinas no se ha quedado de brazos cruzados. Justo hoy, 13 de enero, andaba en Washington denunciando al Estado mexicano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Su argumento es que no hay tal extorsión, sino una persecución política y fiscal por parte de la 4T. Según él, el gobierno usa el SAT y las instituciones para “atracarlo” y callar sus críticas.
En resumen, mientras el gobierno de Puebla dice: “Me quieres sacar dinero a la mala”, Salinas responde: “Me persigues porque no me doblo”. Lo cierto es que, entre amparos y sombrerazos, los 2,000 millones que pedía para publicidad se quedaron volando, y la relación entre Puebla y el Grupo Salinas está, hoy más que nunca, en el punto de congelación.

