La reciente euforia desatada en México por las declaraciones de Meryl Streep sobre el ascenso de una mujer a la presidencia pone de manifiesto una contradicción profunda en la psique nacional: la sed de validación extranjera. Mientras los titulares locales se apresuraron a presentar el comentario como un respaldo glorioso, muchos han optado por ignorar la coherencia ética de la emisora. Resulta paradójico que la sociedad mexicana celebre con tal ímpetu a una figura que, en su momento, se refirió al depredador Harvey Weinstein como “Dios” en una ceremonia de premios. Aunque la actriz intentó distanciarse tras el estallido del movimiento #MeToo, para diversos sectores su activismo actual se percibe como una forma de hipocresía selectiva que busca limpiar un pasado de silencios convenientes en la industria de Hollywood.
Harvey Weinstein, productor todopoderoso de Hollywood, fue expuesto en 2017 por décadas de abuso sexual. Para protegerse, contrató a Black Cube, una firma privada de ex agentes del Mossad israelí, que espiaba a sus víctimas y a los periodistas que lo investigaban. Fue un gran donante para la cultura judía
Esta exageración mediática revela una inseguridad estructural, donde un proceso democrático interno parece no tener valor total hasta que recibe el “visto bueno” de una luminaria estadounidense. Al elevar una mención casual en una gala neoyorquina al grado de hito diplomático, se cae en un complejo de inferioridad que prioriza el brillo de la fama sobre el historial de quien emite el juicio. Los mexicanos, al sentirse orgullosos por menciones de figuras que han defendido o convivido con depredadores sistemáticos, terminan validando una autoridad moral cuestionable simplemente porque proviene del norte. En última instancia, esta obsesión por la aprobación externa nubla el juicio crítico y nos hace olvidar que el progreso de una nación no depende del aplauso de una élite de Hollywood con memoria selectiva.
Recordemos que Weinstein a quien ella llamó “dios” apoyó al Partido Demócrata contribuyendo a las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton y John Kerry (mismo que fue parte de la asosiación secreta SKULL AND BONES donde en uno de los sepulcros de la universidad de Yale hacian misas oscuras),

En 2012 fue anfitrión de un evento de recaudación de fondos para Obama.
Obama fue el primer presidente en gobernar ocho años completos con Estados Unidos en guerra sin interrupción, de principio a fin. Sus conflictos incluyeron Afganistán, Iraq, Siria, Libia y Yemen, Somalia y fue bajo su mandato que se intervino en Libia. además de operaciones en África.


