ZAPOPAN, JALISCO. —El panteón privado Jardín Recinto de la Paz se ha transformado en un punto de concentración inusual tras la sepultura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, abatido el pasado 22 de febrero. Lo que debería ser un espacio de silencio y oración ahora experimenta un flujo constante de personas que, bajo la apariencia de visitantes comunes, se aproximan a la tumba del capo para observar la opulencia de los arreglos florales y las figuras religiosas que adornan el sitio.

A diferencia de las sobrias placas de mármol que predominan en el resto del cementerio, el sepulcro de Oseguera Cervantes destaca por una estructura temporal de carpas blancas que protege cientos de ramos de rosas rojas y blancas, las cuales se mantienen frescas gracias a una reposición continua. Entre las ofrendas, resalta una corona de flores de gran formato con la silueta de un gallo, símbolo inequívoco de su apodo “El Señor de los Gallos”, acompañada de mensajes personales y dedicatorias afectuosas.

El ambiente en el lugar oscila entre la curiosidad de los “turistas” que acuden a tomar fotografías discretamente con sus teléfonos móviles y la tensión provocada por la presencia de civiles no identificados que custodian los alrededores del lote. Reportes locales indican que los visitantes suelen caminar de forma errática antes de detenerse frente a las imágenes de San Judas Tadeo y la Virgen de San Juan de los Lagos que flanquean la tumba. Esta dinámica ha convertido el entierro del líder criminal en un fenómeno mediático y social que desafía la vigilancia habitual de las autoridades en la zona metropolitana de Guadalajara.

