El ambiente en el círculo íntimo de Donald Trump no es precisamente de fiesta por estos días. Aunque de puertas para afuera se mantenga el discurso de “victoria total“, entre los pasillos de Mar-a-Lago y las oficinas estratégicas del Partido Republicano el nerviosismo está a flor de piel. Y no es para menos: las elecciones intermedias de noviembre están a la vuelta de la esquina y el panorama, sinceramente, se ve bastante gris.
Lo que más le quita el sueño a sus aliados es esa vieja “maldición” de las midterms, donde el partido en el poder casi siempre termina pagando los platos rotos. Con Trump de nuevo en la Casa Blanca, la historia parece repetirse. El desgaste es real y las encuestas más recientes no están siendo generosas. A pesar del ruido en redes y los mítines multitudinarios, hay una sensación de que el electorado independiente —ese que decide las elecciones en los estados clave— se está alejando, cansado de las guerras arancelarias y de los frentes diplomáticos abiertos que han marcado este 2026.

Los números que no cuadran
No hace falta ser un genio de la estadística para ver por qué hay caras largas. Los estrategas del partido miran con lupa los distritos suburbanos, donde el apoyo republicano se está desinflando más rápido de lo esperado.
- La Cámara en riesgo: Con una mayoría tan ajustada, perder apenas un puñado de escaños significaría entregarle el control a los demócratas, bloqueando cualquier iniciativa de la administración para el resto del mandato.
- El factor Trump: Si bien su base es de hierro, sus aliados temen que su estilo polarizante esté movilizando más a la oposición que a sus propios votantes.
- Economía y bolsillo: Aunque se habla de crecimiento, el ciudadano de a pie sigue sintiendo el golpe de la inflación y las tensiones comerciales.

Al final del día, lo que se respira en el entorno republicano es una mezcla de urgencia y resignación. Saben que tienen poco tiempo para cambiar la narrativa antes de que las urnas hablen. Se comenta que algunos asesores le han pedido al presidente que baje un poco el tono en ciertos temas, pero ya conocemos cómo funciona esto: Trump rara vez sigue un guion que no sea el suyo.
Habrá que ver si logran darle la vuelta a la tortilla en estos meses que quedan o si, como muchos temen, el 2026 terminará siendo un recordatorio amargo de lo difícil que es gobernar sin perder el favor de la gente.

