Parece que el fantasma de Jeffrey Epstein no tiene intención de descansar, y esta vez sus sombras han llegado hasta las mismísimas puertas de San Pedro. Según las filtraciones que han sacudido a la prensa internacional en los últimos días, el financiero no solo tejía redes de poder en Wall Street o Hollywood, sino que también puso el ojo en el Vaticano.

Lo que se comenta en los pasillos de Roma es de no creerse, pero las pruebas apuntan a una alianza bastante oscura. Resulta que mensajes recientemente desclasificados entre Epstein y Steve Bannon (sí, el polémico estratega de la era Trump) revelan una conspiración clara: querían “derribar” a Francisco. No era solo una diferencia de opiniones; era una estrategia financiada para debilitar al Pontífice, a quien consideraban un obstáculo para sus intereses globales y su visión ultraconservadora del mundo.
El dinero tras la “ofensiva”
La cosa no se quedaba en charlas de café. El plan consistía en inyectar capital en grupos de ultra derecha y movimientos católicos tradicionalistas que ya le tenían ganas a Jorge Mario Bergoglio por sus posturas sobre el clima, la migración y la justicia social.
- El objetivo: Crear un clima de ingobernabilidad dentro de la Iglesia.
- La táctica: Financiar medios y partidos extremistas en Europa que atacaran sistemáticamente la autoridad de Francisco.
- La conexión: Bannon servía de puente ideológico, mientras que la billetera de Epstein —siempre dispuesta a comprar influencia— se encargaba del resto.

Un golpe a la memoria del Pontífice
Lo más triste de todo esto es que la noticia sale a la luz cuando el mundo todavía procesa la partida del Papa, quien falleció en abril del año pasado. Ver estos nombres vinculados a una campaña de desprestigio contra un hombre que ya no está para defenderse deja un sabor amargo. No es solo política eclesiástica; es la confirmación de que el alcance de Epstein no conocía fronteras morales ni religiosas.
A estas alturas, ya no sorprende que Epstein estuviera metido en líos, pero que se haya aliado con sectores radicales para desestabilizar una institución milenaria es un nivel de intriga que supera cualquier ficción. Habrá que ver qué más sale de esos archivos, porque el Vaticano, aunque suele ser hermético, hoy está bajo una lupa que nadie esperaba.

