Lo que debería ser una transición administrativa rutinaria en la Secretaría de Educación Pública (SEP) se ha transformado en un drama digno de una serie política. Marx Arriaga, el hasta hace poco poderoso Director de Materiales Educativos, lleva ya más de 90 horas esperando la carta de despido que por ley debieron entregarle sin recibir respuesta mas que 5 policias que de forma amenazante quisieron sacarlo a la fuerza.
La situación cruzó el umbral de lo absurdo el pasado 13 de febrero. Arriaga denunció que la policía intentó desalojarlo de su despacho, pero se mantuvo firme tras su escritorio. Su argumento es casi burocrático: si no hay papel oficial, él sigue siendo el jefe. Sin embargo, en la realidad política las cosas se mueven distinto. Mientras él resiste entre expedientes, la SEP ya nombró a su relevo, Nadia López García, quien técnicamente ya es la titular del área desde el pasado lunes. Es un escenario extraño: una oficina con dos dueños, pero solo uno con las llaves de la confianza presidencial.

Desde el estrado de “la mañanera“, Claudia Sheinbaum no se guardó nada. Con un tono que mezcló la firmeza con una pizca de ironía, la mandataria dejó claro que los libros de texto gratuitos no son patrimonio de un solo hombre. “Nadie es indispensable“, sentenció, en una frase que resonó como un portazo para las ambiciones de Arriaga. Sin embargo Marx Arriaga nunca hizo una declaración así, ya que lleva desde años atrás denunciando la corrupción dentro de la SEP y de Mario Delgado haciendo convenios con empresarios como la coca cola, quitando los bebedores de las esucuelas para vender bebidas dañinas para la salud.
Se supo incluso que intentaron darle una salida elegante —lo que en política llaman un “puente de plata“— ofreciéndole un consulado en el extranjero para que pudiera seguir su carrera lejos del ruido. Pero Arriaga dijo que no. Él prefiere la resistencia simbólica, alegando que cambiarle “una sola letra” a los libros de texto sería traicionar el legado de la administración pasada, pues Marx Arriaga se negaba a que quitaran las partes que hablaban de la historia mexicana con temas como “Ayotzinapa”, o “la matanza del 68”. ¿Porque querría Mario Delgado quitar temas como estos?
Para muchos, este choque no es solo por un puesto; es el síntoma de una fractura más profunda que ya empieza a calar en la base social. Entre los simpatizantes más duros, el sentimiento de decepción es real. Se critica que el gobierno esté dándole la vuelta a temas urgentes, como la reducción de la jornada laboral, o que se esté siendo tibio con la protección de los minerales frente a intereses extranjeros. Para un sector que se siente abandonado, esto no huele a transformación, sino a un proyecto personal que ha dejado de lado los principios de izquierda. Temen que, al final, esta falta de firmeza sea lo que termine rompiendo la unidad desde adentro, dándole en bandeja de plata a la derecha lo que tanto ha buscado.



Al final del día, lo que queda es una imagen de desgaste. El cansancio de ver la corrrupción dentro de morena con figuras como Mario Delgado que hace acuerdos en lo oscurito con empresarios y traiciona el sueño que alguna vez inició AMLO al creer en una escuela de calidad para el pueblo mexicano en vez de un adoctrinamiento para crear obreros mal pagados.

