Tras más de cuatro décadas ligada al PRI, la exalcaldesa de Puebla Blanca Alcalá Ruiz dio un giro político al incorporarse a las filas del Partido Acción Nacional (PAN), un movimiento que refleja el debilitamiento del priismo en Puebla y en otros estados del país.

La llegada de Alcalá al PAN ocurre en un contexto adverso para el Partido Revolucionario Institucional, que atraviesa una de sus etapas más complicadas bajo la dirigencia de Alejandro “Alito” Moreno, luego de la ruptura de la alianza con el PAN y el extinto PRD.

El dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, fue el encargado de presentar públicamente a Alcalá como responsable de alianzas estratégicas dentro del Comité Ejecutivo Nacional del partido. Durante el anuncio, Romero destacó que la exalcaldesa tiene abiertas las puertas para competir por una candidatura en 2027, ya sea por la presidencia municipal de Puebla o por otro cargo de elección popular.
No obstante, Blanca Alcalá precisó que, aunque colaborará con el PAN, no se ha afiliado formalmente y que por ahora no tiene contemplado buscar la alcaldía poblana.
Desde el PRI, la reacción no se hizo esperar. La dirigente estatal en Puebla, Xitalic Ceja, calificó la salida de Alcalá como una depuración natural, señalando que el partido se queda con quienes defienden causas y no con quienes persiguen intereses personales o cargos políticos.

Dentro del propio PAN, el movimiento generó inconformidad. Algunos militantes cuestionaron la incorporación de una figura identificada como rival histórica y como representante del viejo régimen priista, lo que ha reavivado el debate interno sobre la identidad del partido.
Trayectoria y polémicas de Blanca Alcalá
Blanca Alcalá Ruiz es licenciada en Relaciones Internacionales y cuenta con una amplia carrera en el servicio público. Con el PRI fue presidenta municipal de Puebla (2008-2011), senadora de la República y candidata a la gubernatura en 2016, elección que perdió frente a Antonio Gali Fayad.
Su paso por la alcaldía estuvo marcado por críticas al estado de las vialidades, el uso de materiales de baja calidad en el bacheo y la realización de obras estéticas, como la iluminación del Centro Histórico, consideradas por algunos sectores como gastos innecesarios.
Durante su campaña a la gubernatura, también enfrentó señalamientos por presuntas irregularidades patrimoniales, relacionadas con acciones en empresas gasolineras que, según las acusaciones, no habrían sido reportadas con claridad.
El salto de Blanca Alcalá al PAN no solo reconfigura el tablero político poblano, sino que evidencia el reacomodo de figuras tradicionales ante la crisis de los partidos que dominaron la política mexicana durante décadas.

