El gobierno de Estados Unidos acaba de anotarse otro tanto en su particular tablero de ajedrez contra el crudo venezolano. Este domingo, las fuerzas estadounidenses confirmaron la interdicción de un nuevo petrolero, el Veronica III, sumando una raya más al tigre en esta campaña de “cuarentena” naval impuesta por la administración Trump.
Una persecución de película: Del Caribe al Índico
Parece que el capitán del Veronica III pensó que con poner mar de por medio sería suficiente para escapar del radar de Washington, pero la realidad le dio un golpe de agua fría. El buque, que navegaba con bandera panameña, fue interceptado en aguas del Océano Índico tras una persecución que comenzó hace semanas en el Caribe.

No fue una detención cualquiera. Según informó el propio Departamento de Guerra, el operativo fue parte de la estrategia “Lanza del Sur”. Al barco lo venían siguiendo de cerca desde que zarpó de las costas venezolanas a principios de enero, justo cuando la situación política en Caracas dio un vuelco total con la captura de Nicolás Maduro.
Los puntos clave del operativo:
- El objetivo: El Veronica III transportaba, según rastreadores, cerca de dos millones de barriles de crudo.
- La táctica: El buque intentó “hacerse el invisible” apagando transpondedores y, según informes, hasta cambió su nombre a DS Vector para despistar. No le sirvió de nada.
- El desenlace: Comandos estadounidenses abordaron la nave sin incidentes mayores, dejando claro el mensaje de que “las aguas internacionales no son un santuario“.
¿Por qué ahora? El factor Trump y el bloqueo energético
El por qué de tanta intensidad, la respuesta tiene nombre y apellido. Desde diciembre pasado, el presidente Donald Trump endureció la mano y ordenó un bloqueo naval total para asfixiar lo que queda de la estructura económica del gobierno anterior en Venezuela.
La idea es simple pero agresiva: nadie entra y nadie sale con petróleo si no es bajo los canales que Washington autorice. El Veronica III es ya el octavo o noveno tanquero de la llamada “flota en la sombra” que termina en manos estadounidenses en lo que va del año. Al final del día, esto no es solo por el petróleo; es una demostración de fuerza bruta para asegurar que el control de los recursos venezolanos cambie de manos definitivamente.

Es una situación compleja y, honestamente, se siente como si estuviéramos viendo una versión moderna de la ley del más fuerte en alta mar. Habrá que ver cómo responden los aliados de esa “flota fantasma“, porque esto no tiene pinta de que vaya a parar pronto.

