Parece que la mudanza en la Suprema Corte de Justicia de la Nación dejó algo más que oficinas vacías y eco en los pasillos. Según denunció recientemente el ministro Arístides Guerrero, la transición no fue precisamente “ligera de equipaje“. El funcionario puso el grito en el cielo al asegurar que los integrantes de la administración anterior no solo se llevaron obras de arte que decoraban el recinto, sino que también desaparecieron cuatro camionetas adquiridas durante ese periodo.
No es poca cosa. Guerrero no se anduvo con rodeos al señalar que estos bienes pertenecen al patrimonio institucional y no a las colecciones personales de quienes dejan el cargo. El tema de las pinturas y esculturas ya venía haciendo ruido, pero lo de los vehículos le añade una capa de escándalo que nadie vio venir. ¿A poco pensaron que nadie notaría cuatro camionetas menos en el inventario?

Los puntos clave de la denuncia:
- Patrimonio artístico: Se reporta la ausencia de piezas de arte que formaban parte del acervo de la Corte.
- El parque vehicular: El señalamiento directo sobre cuatro unidades móviles compradas con presupuesto público.
- Falta de transparencia: La crítica central apunta a una entrega-recepción opaca y llena de irregularidades.

La verdad, esto suena al típico drama de fin de sexenio o de cambio de mando donde, “por arte de magia“, los inventarios dejan de cuadrar. Lo que Guerrero sostiene es que no se trata de un simple descuido administrativo, sino de una apropiación indebida de recursos que nos pertenecen a todos.
Habrá que ver si los señalados salen a dar su versión o si las camionetas “aparecen” estacionadas por ahí de pura casualidad. Por ahora, el ambiente en la Corte está más tenso que una cuerda de violín.

