5 de febrero de 2026 — El Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START), el último acuerdo bilateral que limitaba formalmente los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia, expiró hoy sin un reemplazo en vigor, marcando un hito en las relaciones de control de armas desde la Guerra Fría.
El tratado, firmado originalmente en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvedev y extendido hasta ahora, impedía que EE. UU. y Rusia desplegaran más de 1 550 ojivas nucleares estratégicas cada uno y establecía mecanismos de inspección para verificar el cumplimiento.

Con su expiración a las 00:00 GMT del 5 de febrero, ya no existe ningún límite legal vinculante entre las dos potencias sobre la cantidad de armas nucleares estratégicas que pueden tener desplegadas.
Reacciones y consecuencias
- Preocupación internacional: El secretario general de la ONU calificó el momento como “grave para la paz y la seguridad mundial” y urgió a ambos países a negociar un nuevo marco de control de armas.
- Rusia lamenta el fin del tratado, aunque asegura que seguirá actuando con responsabilidad y expresó que propuso extender espontáneamente los límites por un año si EE. UU. accedía.
- Estados Unidos señaló que busca un acuerdo “mejor y modernizado” que podría incluir a otras potencias nucleares como China, pero no hay un compromiso inmediato de renovación.
- Diálogo militar: A pesar del fin del tratado, Washington y Moscú acordaron reanudar conversaciones militares de alto nivel para mantener canales de comunicación abiertos.

El vacío que deja el fin del tratado
Con la expiración del New START, Estados Unidos y Rusia entran en una etapa sin límites verificables ni mecanismos de inspección mutua, un escenario inédito desde el fin de la Guerra Fría. La ausencia de un marco legal vinculante incrementa la opacidad sobre el tamaño real de los arsenales y reduce los canales de confianza estratégica entre ambas potencias.
Analistas advierten que este vacío no implica un cambio inmediato en las doctrinas militares, pero sí eleva el riesgo de errores de cálculo, desconfianza y competencia armamentista, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas persistentes y comunicación limitada entre Washington y Moscú.
La comunidad internacional observa con preocupación la falta de avances hacia un nuevo acuerdo, mientras crece la presión para establecer un marco de control nuclear actualizado que evite una escalada silenciosa pero sostenida.

