La Patagonia vuelve a arder, y el humo no es lo único que enturbia el aire. Mientras los brigadistas pelean contra las llamas que ya devoraron miles de hectáreas de bosque nativo, en las redes sociales ha rebrotado una vieja sombra: la teoría de que Israel está detrás de la tragedia.
Un desastre ambiental que no da tregua
La realidad sobre el terreno es desoladora. Los incendios forestales, especialmente en zonas como el Parque Nacional Los Alerces en Argentina y diversos puntos de la Patagonia chilena, han sido feroces este año. No es solo un decir; miles de hectáreas de vegetación milenaria se han convertido en cenizas en cuestión de días.
El clima no ayuda. Las altas temperaturas y los vientos secos crean el escenario perfecto para que una pequeña chispa se transforme en un infierno. Pero, aunque la naturaleza pone las condiciones, las autoridades sospechan que la mano del hombre está involucrada en varios de los focos iniciales, ya sea por negligencia o intencionalidad.

El mito de Israel y el “Plan Andinia”
¿Por qué se señala a Israel? No es algo nuevo. Cada vez que el sur arde, resurge una teoría de conspiración conocida como el Plan Andinia. Según este mito —que circula desde hace décadas sin una sola prueba real—, existiría un plan secreto para que Israel se apodere de la Patagonia y funde un segundo Estado judío.
Las acusaciones suelen dispararse cuando se reporta la presencia de turistas israelíes en la zona. Sin embargo, no hay evidencia alguna que vincule al gobierno de Israel o a sus ciudadanos con una estrategia de destrucción sistemática.
- La realidad: La Patagonia es un destino predilecto para jóvenes israelíes que terminan su servicio militar, lo que explica su presencia masiva, pero no los convierte en agentes incendiarios.
- El origen: Expertos y sociólogos coinciden en que estas historias son variaciones de antiguos discursos antisemitas adaptados al contexto local

Lo que dicen los expertos
Para los especialistas en medio ambiente, buscar culpables en conspiraciones internacionales es, en el mejor de los casos, una distracción peligrosa. Los verdaderos responsables suelen ser mucho más mundanos:
- Crisis climática: El estrés hídrico de la región es alarmante.
- Actividad humana: Fogones mal apagados o quemas de pastizales que se salen de control.
- Conflictos territoriales: En algunas zonas, el fuego se usa como herramienta de presión en disputas por la propiedad de la tierra.
Es comprensible que, ante la impotencia de ver el paraíso arder, se busquen explicaciones complejas. Pero hoy, lo que la Patagonia necesita no son teorías de espionaje, sino recursos para los bomberos y una política ambiental que proteja lo poco que nos queda de esos bosques antiguos.

