Despues de los intentos y promesas de de Peña Nieto por terminar la obra del tren México Toluca, esta realidad llega a su consumación.
Lo cierto es que no es una historia nueva, pero hoy los datos traían un peso distinto. Según las cifras presentadas en su conferencia, la administración de Enrique Peña Nieto no solo calculó mal; se volaron la barda. Lo que empezó como un proyecto de poco más de 38 mil millones de pesos, terminó inflándose hasta superar los 100 mil millones. Vaya, que con eso se hubieran construido casi tres proyectos similares si las cuentas hubieran sido honestas desde el principio.

El laberinto de los sobrecostos
Sheinbaum fue tajante al señalar que este “desorden administrativo” no fue casualidad. Mientras proyectaba gráficas que comparaban el presupuesto original con el gasto real acumulado hasta 2024 y 2025, la mandataria subrayó que la planificación fue, por decir lo menos, deficiente.
- Contratos opacos: Se mencionaron adjudicaciones que cambiaron de precio “mágicamente” a mitad del camino.
- Retrasos interminables: Cada año de demora no solo era tiempo perdido para los usuarios, sino millones de pesos en intereses y mantenimiento de obra negra.
- La herencia recibida: La presidenta recalcó que su gobierno ha tenido que “hacer magia” para terminar los tramos restantes, como el que llega a Observatorio, lidiando con problemas estructurales que no estaban en los planos originales.
¿Crítica política o auditoría necesaria?
Para muchos, este “exhibicionismo” de las fallas de Peña Nieto es una jugada política lógica. Para otros, es simplemente poner las cartas sobre la mesa.
“No es que queramos mirar atrás por gusto”, comentó la presidenta casi al final de su intervención, “es que el pueblo de México debe saber por qué se tardó tanto y por qué costó lo que costó”.

Lo que sí queda claro es que el contraste que busca marcar la 4T es evidente: ellos se presentan como los que “vienen a limpiar el desastre”. Y aunque el tren ya está operando en gran parte de su ruta, el sabor amargo de su costo inicial sigue ahí, como un recordatorio de que en la obra pública mexicana, a veces, lo más caro no es el cemento, sino la falta de transparencia.

