Lo que hace unos años se vendió como el “gran triunfo” de la diplomacia comercial, hoy parece estar en la cuerda floja. Donald Trump no ha tenido reparos en decir que el T-MEC (USMCA, por sus siglas en inglés) se le quedó corto a Estados Unidos. Según su visión, el acuerdo no ha cumplido con la promesa de equilibrar la balanza y, de hecho, ha llegado a sugerir que, en su forma actual, el país vecino no tiene ninguna ventaja real frente a lo que él llama la “invasión” de productos extranjeros, especialmente los que vienen con sello chino a través de la frontera sur.

La “cláusula de revisión” como arma
Trump no está hablando al aire. Él sabe que 2026 es el año clave, pues es cuando toca la primera revisión formal del tratado. El republicano ha dejado claro que no quiere una simple “charla de café” para ajustar detalles; lo que busca es una renegociación agresiva. Para él, el tratado actual es insuficiente porque, según sus palabras, México se ha aprovechado de las lagunas legales para permitir que empresas chinas monten fábricas y exporten a EE. UU. sin pagar los aranceles que él tanto defiende.El drama de los aranceles y la industria automotriz

La frase de que el acuerdo “no tiene ventajas” nace de su obsesión con el déficit comercial. Trump sostiene que:
- El sector automotriz está “herido”: Cree que el T-MEC facilitó que los empleos se mudaran a México.
- La soberanía económica está en juego: Para él, cualquier tratado que no resulte en un superávit masivo para EE. UU. es, por definición, un mal negocio.
- La amenaza de los aranceles: Ha llegado a decir que, si no se cambia el rumbo, no le temblará la mano para imponer aranceles del 25% o incluso más altos, ignorando lo pactado originalmente en el T-MEC.
¿Es un farol o va en serio?
A ver, con Trump nunca se sabe qué es estrategia de negociación y qué es una intención real de romper el tablero. Lo cierto es que su retórica de “América Primero” se ha endurecido. No es que el tratado sea inútil —al final del día, el comercio entre los tres países es gigantesco—, pero para el discurso político de Trump, decir que “no tiene ventajas” es la herramienta perfecta para presionar a México y Canadá antes de sentarse a la mesa en unos meses.

La incertidumbre está servida. Mientras en México se intenta mantener la calma apelando a la interdependencia económica, desde Washington el mensaje es radicalmente distinto: el T-MEC, tal como lo conocemos, tiene los días contados si no se adapta a las nuevas exigencias de la Casa Blanca.

