Parece que la larga y ruidosa “telenovela” fiscal entre el gobierno federal y el empresario Ricardo Salinas Pliego tiene, este viernes, un episodio de tregua. O al menos, eso dejó ver la presidenta Claudia Sheinbaum esta mañana, quien no pudo ocultar cierta satisfacción al confirmar que el dueño de Grupo Salinas ha realizado un nuevo pago sustancial al Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Desde Palacio Nacional, la mandataria abordó el tema que lleva años calentando el ambiente político y las redes sociales. Sin confeti, pero con un tono firme que ya es su sello característico, Sheinbaum aprovechó la coyuntura para machacar su mensaje principal: en su administración, la ley es pareja.

“Lo hemos dicho siempre y hoy se confirma: ya no hay privilegios. Se acabaron”, sentenció la Presidenta ante los medios.
Para Sheinbaum, que un “pez gordo” como Salinas Pliego se ponga al corriente (aunque sea a regañadientes, dirían algunos), valida la estrategia de recaudación que heredó y profundizó de la administración anterior. No se trata de una persecución, insistió, sino de que “los que más tienen, paguen lo que les corresponde, ni más ni menos”.
Hay que decirlo como es: la relación ha sido tormentosa. Llevamos años viendo un estire y afloja legal, declaraciones incendiarias del “Tío Richie” en X y una presión constante desde Hacienda. Por eso, que hoy caiga un depósito de esta magnitud en las arcas públicas se siente, inevitablemente, como una victoria política para el gobierno morenista.

¿Significa esto que se fumó la pipa de la paz definitiva? Probablemente no. Los litigios fiscales son complejos y el empresario suele pelear cada centavo hasta el final. Pero el mensaje que manda hoy Sheinbaum es claro: la presión no va a bajar y la vara para medir a los grandes contribuyentes sigue estando alta. Por ahora, el SAT respira y la Presidenta se anota un tanto en su narrativa de “piso parejo“.

