Parece que en los pasillos de la política mexicana, la idea de que el trabajador promedio suelte las herramientas un par de días a la semana no está cayendo nada bien. Mientras medio México sueña con un fin de semana de verdad, Movimiento Ciudadano y el PAN han decidido que ahora no es el momento de “aflojar el paso“.

Por un lado, Jorge Álvarez Máynez, la cara de Movimiento Ciudadano, no se guardó nada y calificó la reforma de las 40 horas como un “error histórico“.
Es una postura que ha levantado más de una ceja, especialmente porque el partido suele venderse como la opción fresca y joven, pero aquí parece que prefieren mantener el reloj checador tal como está. No es que no quieran que la gente descanse, dicen, sino que les preocupa el golpe a la economía; aunque claro, para el que se chuta seis días de chamba seguidos, ese “error” suena más a justicia que a otra cosa.
Y como si se hubieran puesto de acuerdo, en el PAN tampoco están para fiestas. Con Ricardo Anaya y otros líderes blanquiazules a la cabeza, el mensaje ha sido un contundente “hay que chambearle“. Bajo la premisa de que el país necesita productividad para salir adelante, los panistas ven con malos ojos que el descanso obligatorio pase de uno a dos días. Para ellos, la cultura del esfuerzo no se negocia, aunque eso signifique que los mexicanos sigan siendo de los que más horas pasan en la oficina o la fábrica a nivel mundial.

Al final, es curioso ver cómo dos fuerzas que suelen pelearse por todo, hoy coinciden en cerrarle el paso a una iniciativa que tiene a millones de empleados cruzando los dedos.
Entre el “error histórico” de unos y las ganas de “chambear” de los otros, la reforma se queda ahí, bailando en la cuerda floja, mientras el resto del país sigue esperando a ver si algún día el sábado se vuelve, por fin, un día de descanso y no otra jornada más de sudar la gota gorda.

