Parece que la “limpia” en las oficinas del fisco no se detiene. Justo hoy, en pleno aniversario de la Constitución, trascendió que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) le puso nombre y apellido a 78 de sus propios funcionarios para denunciarlos formalmente ante la Fiscalía General de la República (FGR).
No es cualquier cosa; estamos hablando de acusaciones por delitos federales que van desde el uso de documentos falsos hasta el acceso ilícito a sistemas informáticos. Al final del día, lo que el SAT busca es mandar un mensaje clarísimo: nadie está a salvo si decide jugar chueco con los datos de los contribuyentes.

Entre pasillos y expedientes
Aunque la cifra de 78 nombres suena fuerte para un solo golpe, la realidad es que esto forma parte de un reporte más amplio que el brazo fiscal de Hacienda soltó esta semana. Según los datos que circulan, la cifra total de servidores públicos señalados por irregularidades al cierre del último periodo asciende a más de 260, pero estos 78 son los que ya tienen una carpeta abierta en la FGR por faltas que ameritan cárcel. Estos son los puntos mas importantes:
- ¿De qué se les acusa? Principalmente de cohecho (la famosa “mordida“), manipulación de datos en el Registro Federal de Contribuyentes y falsificación de documentos oficiales.
- ¿Quiénes son? Aunque no se han filtrado las identidades por aquello del debido proceso, se sabe que pertenecen a diversas áreas operativas y de auditoría.
- El contexto: El SAT reportó que, entre 2024 y lo que va de 2026, la percepción de honestidad ha subido, pero estos “garbanzos de a libra” siguen apareciendo en las auditorías internas.

Es curioso, porque mientras nosotros nos peleamos con la página del SAT para sacar una cita o enviar la declaración, dentro de la misma institución hay quienes aprovechan las llaves del sistema para beneficio propio. No deja de ser irónico que la entidad encargada de vigilarnos a todos tenga que vigilarse las espaldas con tanta lupa.
A ver en qué terminan estas denuncias, porque una cosa es la querella y otra muy distinta que los veamos tras las rejas o pagando por el daño al erario. Por lo pronto, el “fisco de hierro” sigue demostrando que no le tiembla la mano, ni siquiera con los de casa.

