El ambiente en Palacio Nacional se sentía denso esta mañana del 30 de enero, y no es para menos: el gobierno de Claudia Sheinbaum ha decidido que, ante el mazo de los aranceles de Donald Trump, la respuesta de México será la diplomacia, al menos por ahora.
El choque de posturas
Todo explotó tras la orden ejecutiva que Trump firmó ayer jueves. El republicano, fiel a su estilo de “mano dura“, amenazó con imponer gravámenes a cualquier país que se atreva a mandarle petróleo a Cuba, calificando la situación como una “amenaza excepcional” para la seguridad de Estados Unidos. Para México, que se ha convertido en el principal pulmón energético de la isla tras la crisis en Venezuela, el mensaje lleva nombre y apellido.

La respuesta de Sheinbaum
Durante su conferencia “mañanera” de hoy, la presidenta Sheinbaum no se anduvo con rodeos, pero tampoco quiso quemar los puentes. Esto es lo que se sabe:
- Instrucciones directas: Ya le pidió al canciller Juan Ramón de la Fuente que se ponga en contacto con el Departamento de Estado de EE. UU. Buscan una explicación formal y, sobre todo, abrir una mesa de diálogo antes de que los impuestos empiecen a morder la economía mexicana.
- La bandera de la soberanía: La postura oficial es que los envíos de crudo son “decisiones soberanas” y se enmarcan en la ayuda humanitaria. Sheinbaum advirtió que cerrar el grifo por completo provocaría un desastre humano en Cuba, algo que México no quiere cargar en su conciencia.
- El dilema de Pemex: Aunque la retórica es firme, en los pasillos de Pemex ya se siente el frío. Se rumora que algunos cargamentos de enero se pausaron para no echarle más leña al fuego mientras se negocia.
¿Que sigue?
La cosa no está fácil. Por un lado, México no puede permitirse un pleito arancelario que ponga a temblar al T-MEC, pero por otro, ceder de inmediato ante Washington se vería como una pérdida de autonomía frente a un Trump que viene más agresivo que en su primer mandato.

Es un juego de estira y afloja donde la moneda sigue en el aire. Por lo pronto, el gobierno mexicano apuesta a que la sensatez diplomática gane la partida antes de que las aduanas se conviertan en un campo de batalla.

