No se ha cumplido ni una semana del último incidente y el Comando Sur de EE. UU. (SOUTHCOM) ya volvió a golpear. En lo que se perfila como una de las jornadas más letales de la operación “Lanza del Sur”, las autoridades confirmaron este martes que tres embarcaciones fueron destruidas entre el Caribe y el Pacífico oriental.

El reporte, firmado por el general Francis L. Donovan, no anda con rodeos. Según la inteligencia militar, las naves pertenecían a “organizaciones terroristas designadas” y fueron interceptadas en rutas críticas del narcotráfico. El resultado fue fulminante: cuatro muertos en una primera lancha en el Pacífico, otros cuatro en una segunda en la misma zona, y tres más en una embarcación que navegaba por el Mar Caribe.
Lo que más ha impactado hoy no es solo la cifra, sino la crudeza de las imágenes. En los videos difundidos en la red X, se alcanzan a ver siluetas humanas moviéndose a bordo de las lanchas, que en dos de los casos estaban totalmente inmóviles antes de que el impacto las borrara del mapa. Es una estrategia de “tolerancia cero” que el gobierno de Donald Trump ha intensificado desde la captura de Nicolás Maduro, y que ya suma más de 145 muertes en lo que va de esta campaña.

A pesar de la contundencia de Washington, el debate está que arde. Mientras el Pentágono asegura que estas acciones son necesarias para frenar el flujo de drogas, organizaciones de derechos humanos y países vecinos empiezan a cuestionar la legalidad de estos ataques sumarios en aguas internacionales, donde no hay arrestos ni juicios, solo el estallido de un misil. Por ahora, el mensaje de la Casa Blanca es claro: no van a detenerse, y las patrullas del portaaviones Gerald Ford siguen barriendo la zona en busca de cualquier rastro sospechoso.

