En el rock argentino ha habido grandes próceres y creadores prolíficos. Algunos de ellos fueron eternizados como símbolos a partir de su muerte, y más si ésta fue temprana, como en el caso de Gustavo Cerati o Pappo.

Hay otros artistas que son símbolos vivientes, aunque su proceder sea siempre desconcertante dentro y fuera de los escenarios. Sin embargo, el innegable legado musical y la influencia que aún hoy en día sigue ejerciendo Carlos Alberto García son una verdad incontestable que se puede constatar a través de su obra.

Charly García nació en octubre de 1951. Su infancia transcurrió durante el peronismo y se fue haciendo adulto al tiempo que se instalaba en Argentina la dictadura militar, a la cual le plantó cara a través de muchas de sus canciones. Desde muy pequeño, al ser parte de una familia acomodada, tuvo la posibilidad de tomar clases de piano, instrumento en el cual a la fecha destaca dentro de la propia escena del rock por ser poco menos que un virtuoso. Siempre se empeñó en tener una conducta disruptiva, ya que desde muy joven romantizó la idea de ser declarado loco, lo cual jamás consiguió realmente tras ser evaluado en múltiples ocasiones. Aunque ciertamente sus abusos de sustancias lo han tenido más de una vez al borde de la muerte.

Pese a lo enrevesado y caótico de su vida, Charly García queda inscrito en la historia del rock latinoamericano como un símbolo de la innovación y del arrojo (literalmente, pues basta recordar sus famosos lances desde pisos elevados de un edificio hacia la piscina), así como de un inusitado desempeño en el piano y una lírica que puede ir desde lo más tierno y sentido hasta lo más enérgico y desenfrenado.
Pasemos entonces a conocer más a fondo a este atípico artista a través de cinco canciones icónicas que dan fe de todo lo que implica ser Charly García.
Nos siguen pegando abajo
«Yo estaba en un club, no había casi luz. La puerta de salida tenía un farolito azul. Él se desmayó delante de mí, no fueron las pastillas fueron los hombres de gris. Miren, lo están golpeando todo el tiempo, lo vuelven, vuelven a golpear. Nos siguen pegando abajo.»
Durante los estertores de la última dictadura militar argentina, que abarcó desde 1976 hasta 1983, Charly García deja caer en la escena rockera un disco llamado Clics Modernos, el cual se convirtió en un clásico instantáneo gracias a su enérgico contenido clasificado como new wave. En él, Charly García plasmaba una cierta rabia y melancolía contenidas a lo largo del periodo más duro de la dictadura, durante el cual eligió quedarse en Argentina, no sin sufrir la misma represión que el resto de sus compañeros, aunque con algo más de suerte que aquellos a quienes detenían en las calles, encarcelaban, asesinaban o simplemente desaparecían. Las cifras oficiales, más allá del malicioso afán “revisionista” con que las refutan ideólogos de la derecha como Nicolás Márquez y Agustín Laje, es de 30,000 desaparecidos, según la propia Comisión para la Desaparición de Personas (CONADEP).

La canción, con un ritmo acelerado que abreva un poco en el punk y el disco, pero con el rock como ritmo base, mantiene una enorme presencia de guitarras eléctricas y baterías, así como los teclados de Charly y su voz en doble pista, que con el paso de los años se volvió uno de sus sellos. El ensamble de los instrumentos y la producción en general, son obra del legendario productor Joe Blaney. La grabación se realizó en el estudio Electric Lady de Nueva York. Este tema es no solo el buque insignia de todo un movimiento musical, sino que también, sin caer en el dramatismo, se erige en himno de toda una generación que vivía la dualidad de un florecimiento contracultural al mismo tiempo que experimentaba la represión de un régimen dictatorial.

Rezo por vos
«La indómita luz se hizo carne en mí. Y lo dejé todo por esta soledad.
Charly García

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