Al parecer la captura a Maduro ha creado grandes debates en las redes en cuanto a la colonización de los pueblos y éste pudo ser la razón de la reacción de Pedro Salmerón ante dos videos publicados por Santiago Armesilla (uno de octubre de 2024 y otro de mediados de 2025)

El video: 1: “La verdad sobre los aztecas” Salmerón cita casi textualmente frases de un video de Armesilla titulado “La VERDAD sobre los AZTECAS. Lo que AMLO y Sheinbaum quieren ocultar“. De aquí extrae:
La comparación con los nazis: Armesilla afirma que los aztecas sacrificaban “a escala industrial” de la misma forma que los nazis, y que eran “mucho peores” que cualquier otro grupo violento en la historia.
Se mofa de los números de sacrificios humanos que lanza Armesilla (entre 50,000 y 150,000 al año), señalando que la aritmética elemental y la arqueología desmienten tales cantidades (serían más de 400 personas al día, algo físicamente imposible en el Templo Mayor).
La postura política: En ese video, Armesilla vincula la defensa del pasado prehispánico con el gobierno de Morena, llamándolo “dictadura socialdemócrata”.

En el video 2: “La verdad sobre Hernán Cortés” De este segundo video (publicado en mayo de 2025), Salmerón saca los datos sobre la visión “liberadora” de la conquista:
Armesilla dice que el 13 de agosto de 1521 hubo “una inmensa alegría” en las masas indígenas porque Cortés los “liberó” de los aztecas.
Salmerón se burla de que Armesilla diga que la tumba de Cortés está en la “Catedral Primitiva” de la Ciudad de México (cuando en realidad está en la Iglesia de Jesús Nazareno).

Salmerón no solo cuestiona la veracidad histórica de Armesilla, sino que lo acusa de promover un discurso de odio bajo una fachada intelectual.

Además Salmerón lo descalifica como historiador
Armesilla no pertenece a la historiografía profesional porque no usa fuentes primarias, no investiga archivos ni contrasta datos, sino que se basa en libros escritos a modo para confirmar sus propios sesgos.
Lo llama “Falsificador”: Define su corriente como “racista neoimperial”, acusándolo de disfrazar ideología política (específicamente franquista e imperialista) como si fuera ciencia histórica.

Lo acusa de ignorancia: Señala errores básicos de información, como confundir cargos de personajes históricos mexicanos o negar el vínculo de Vasconcelos con la propaganda nazi.

Lo acusa de odio actual disfrazado de pasado: Dice que sus comentarios contra los pueblos indígenas son en realidad una extensión de su islamofobia y su furor antimigrantes en la España actual.

Le echa en cara que se diga “marxista” mientras se refiere con pleitesía a la monarquía española (“su majestad el rey emérito”).

Anuncia que “apenas están empezando” a investigarlo a él, a su universidad privada y a sus supuestos grupos de choque.
Sostiene que el discurso de Armesilla no construye la unidad de la “Iberósfera”, sino que destruye la tradición de hermandad latinoamericana que se basa en figuras como Bolívar, Juárez y la propia República Española exiliada en México.

En resumen, Salmerón presenta a Armesilla no como un académico, sino como un agitador de redes sociales que utiliza la “leyenda negra” de los aztecas para promover una agenda de derecha y colonialista en México y España.

